• Una peregrinación a Bizancio: su geografía espiritual
Roberto Quiroz Pizarro

Resumen

Este variado recorrido por la dilatada geografía de un Imperio, nos permite contemplar que el hombre bizantino a pesar de contar con una herencia de otras culturas, no pudo estar al margen de las amenazas espirituales, psicológicas e históricas de su tiempo: en un mundo tan vasto como el bizantino, tan parecido a un extenso mosaico de contrastes, el hombre, el individuo se tenía que sentir como tal, es decir, atomizado, percibirse como un segmento inestable. También vivió un esplendor de un imperio, la fe le dio frutos artísticos memorables, buscó alianzas certeras entre el mundo y lo divino, tanto quiso hacer de la religiosidad un camino absoluto que cayó en el peligro de la ilusión, y sufrió herejías, querellas, incontables angustias de fe. Tenía que preocuparse ante todo de Dios, del emperador, del patriarca, de la Iglesia, de las leyes, de la ritualidad. Pero también estaban las variaciones fronterizas del imperio, la sucesión de los mismos dignatarios imperiales, la amenaza de las epidemias, las invasiones, las catástrofes naturales, etc., todo lo cual aumentaba esa sensación de inseguridad individual. En el reverso de un gran imperio político, económico y cultural, puede detectarse el síntoma del individuo que busca salvarse, salvar su alma del mundo. Esta puede ser una razón del gran auge de los monjes, de los anacoretas, de los "typicá" o reglas monásticas, de las actitudes místicas numerosas y de las comunidades en todo el imperio.

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